“Hay voces que nacen del estruendo y otras que, como la de Ana García Negrete, emergen del silencio necesario para entender el mundo. Desde sus primeros recuerdos en Castro-Urdiales hasta la madurez reflexiva de su próximo libro, Muda de invierno, la poeta cántabra nos invita a un viaje por la memoria, la identidad y el compromiso con la palabra. En esta entrevista, Negrete nos desvela cómo la poesía dejó de ser algo que leía para convertirse en una necesidad vital, defendiendo la cultura como el único ‘bajel’ capaz de darnos sentido en tiempos inciertos.”

1. Ana, para empezar por el principio, ¿recuerdas el momento exacto en que la poesía dejó de ser algo que leías para convertirse en algo que tenías que escribir? 

En realidad, fue algo paulatino. Tan habitual era escribir desde la infancia y tan importante la lectura que me alimentaba, que, casi sin querer, empecé componiendo canciones que musicalizaba y adaptaba con mi guitarra, hasta que llegó la poesía como tal y se quedó conmigo.

2. ¿Hubo algún momento concreto en tu vida en el que "descubrieras" la poesía como una vocación o una necesidad vital? ¿Qué edad tenías y qué circunstancias lo rodearon?

No sé exactamente a qué edad me di cuenta de que la mano iba casi por su cuenta. Cuando estaba sola, siempre dedicaba el tiempo a la lectura y, casi automáticamente, escribía después. En realidad, fue la lectura de los poetas que iban llegando lo que me incitó a responder a sus misivas e imaginar. Eso, sumado a que a los quince años empecé a participar en un proyecto cultural precioso que se inició en Santander, llamado «Cuévano», fue definitivo para mí. En ese momento dejé la música y empecé a aprender poesía, tratando de escribir algo más en serio.

3. ¿Qué te ofrecía la poesía que no encontrabas en otras formas de expresión artística o literaria en tus inicios? ¿Era el ritmo, la capacidad de síntesis, o la libertad formal?

Yo creo que mi mirada y mi pensamiento interno siempre fueron poéticos, y lo digo sin pedantería ninguna. Para mí, contemplar las cosas del mundo siempre tenía una connotación emocional que me invitaba a las ensoñaciones, a recoger con palabras lo que me parecía importante o hermoso. El ritmo siempre me ha parecido imprescindible en la expresión, ya sea en prosa o en poesía. Aquellos fueron los años de la transición democrática en el país y andábamos muy concienciados política y socialmente; todo eso se volcaba en nuestro pensamiento. Por otra parte, nuestra proximidad con América del Sur —como de hermanos—, con su música y sus luchas tan importantes, influyó fuertemente en mí.

4. Se dice que la infancia es la patria del poeta. Mirando atrás, ¿Qué sonidos o imágenes de tu niñez en Castro-Urdiales crees que siguen resonando en tus versos actuales?

Hay poemas construidos desde una cierta nostalgia de Castro, aunque siempre miro adelante convencida; pero la memoria y la infancia nos modelan para siempre. Tengo recuerdos imborrables desde los tres años asociados a mis vivencias allí: la libertad del juego en las plazas, los cabezudos en las fiestas, las romerías, el mar y la playa, Santa María e, incluso, los toros a los que me llevaban. Hoy ya no pienso igual sobre esa llamada «fiesta». Castro siempre está y, desde algún rincón, siempre me habla.

5. ¿Cómo ha influido tu entorno geográfico y cultural cántabro en tu forma de ver y escribir poesía? ¿Está el paisaje presente en tu obra de manera consciente o inconsciente?

La naturaleza siempre acompaña, especialmente este mar Cantábrico, aunque no en todos mis libros con la misma intensidad. Supongo que a veces pongo el foco en asuntos humanos que me importan y así queda fuera del foco temporalmente. En mi próximo libro, Muda de invierno, la naturaleza tiene mucha importancia porque la tomo para reflexionar sobre todo lo demás. En este caso no es el mar, sino el valle y su río, el bosque y los pájaros quienes atraviesan cada reflexión y son los verdaderos protagonistas.

6. ¿Cómo ha evolucionado tu voz poética a lo largo de los años? ¿En qué se diferencia la Ana que escribió Algo tendrán que decir las estaciones de la de hoy?

Difícil decirlo. Una mayor autoexigencia en el decir y en el cómo decirlo, seguramente. Por lo demás, he podido ampliar el foco de la mirada: he vivido, he leído y todo eso pasa a abonar lo que pensamos; pero los temas que me inquietaban entonces lo siguen haciendo hoy. Hay libros anteriores que quedaron inéditos, salvo en publicaciones sueltas o antologías. Me dio mucho miedo publicar; siempre tuve la inseguridad de no estar a la altura, supongo.


7. Tu libro Descrédito de la certeza recibió el premio José Luis Hidalgo. ¿Sientes que los premios son un impulso o generan una presión extra para el siguiente paso?

Ambas cosas suceden al mismo tiempo. Te hacen crecer porque te sugieren que, tal vez, tus versos puedan contener aquello que buscabas al escribirlos, aunque sea en algún poema; pero también te comprometen a ser exigente en lo próximo, a cuestionarte y a no precipitar nada.

8. En tus poemas hay una gran consciencia del silencio. ¿Aprendiste antes a leer poesía o a leer los silencios de lo que te rodeaba?

Primero la poesía, sin duda, porque la necesidad de silencio y de apartamiento se produce después o es independiente. Es la experiencia del constante ruido de fondo que nos rodea —las voces que gritan y confunden, la ciudad y sus estruendos, el mundo que atruena, sus conflictos y la velocidad de los acontecimientos— lo que, en definitiva, nos pide silencio y apagar el murmullo que no permite pensar con calma. Cualquier persona puede sentir lo mismo.

9. Me llama la atención el poema "El tocadiscos". Hay una nostalgia muy física hacia la figura paterna y los vinilos. ¿Consideras que la memoria es un lugar seguro o un territorio de conflicto en este libro?

En este caso es un lugar seguro porque el afecto y el amor así nos lo enseñan. Mi padre no pudo ser quien le hubiera gustado; era creativo y cariñoso, le costaba mucho reconvenirnos. Era un ser pacífico y soñador. La música era muy importante en mi familia y él siempre nos rodeó de ella. Esos momentos iluminan la infancia, que no siempre es feliz por obligación. De allí vengo yo y, al escribirlo sin proponérmelo, me recuerda quién soy.

10. En el poema "Entrenamiento para la edad adulta", escribes una "protesta cabizbaja" antes de abandonar el juego. ¿Es ese momento en que descubriste que la vida se decide por factores que escapan a nuestra voluntad?

Absolutamente. Siempre he sido consciente de que hay condiciones que se contraponen a nuestro yo más real, al menos al que nuestra consciencia nos dice que somos. La infancia frente a otras infancias, ser una niña, no ser una «belleza», venir de fuera o ser inmigrante... no contar con determinados atributos hace que se escondan otros muchos que los demás pueden no ver.

11. En el poema "Iniciación del niño" explora el primer encuentro con la hostilidad del mundo. ¿Cuál es tu interés por la mirada del niño, esa "rabiosa y disidente" que percibe el abismo? Al final dices: "Vivir te seguirá doliendo". ¿Es la poesía un consuelo o una forma de testificar ese dolor?

Ese poema habla desde la mirada adulta. Los mayores avasallamos a los niños con nuestras certezas, a veces inventadas o socializadas desde el poder. La infancia no puede comprender los argumentos de los adultos por ser peregrinos e impuestos; a veces somos muy molestos en sus espacios y con sus tiempos. Yo testifico lo que, en realidad, seguirá ocurriendo: me solidarizo con el niño y me duelo con él. La vida siempre duele, aunque también nos da la oportunidad de vivir momentos de dicha que hacen que merezca la pena, cuando disfrutamos de ese privilegio.

12. En el poema "Madres e hijas", ¿Cómo gestiona la madre ese momento en que la hija deja de ser mirada para convertirse en un ser que vuela lejos?

A las hijas hay que dejarlas ir, confiar en ellas y reforzarlas. Solemos «avisarlas» de todo lo malo que puede pasar, como lo hicieron con nosotras, pero eso no puede ser un lastre para las jóvenes. Creo que es maravilloso ver crecer a una hija, darle seguridad, admirarla y verla disfrutar con su proyecto de vida; y «saludarlas» a todas, como dice el poema, para que sigan adelante con nuestro respeto y amor. Las mujeres de hoy son muy poderosas intelectualmente y se defienden mucho mejor de lo que nosotras supimos o pudimos hacerlo. Sería deseable que esto fuera extensible a toda la población femenina…

13. El poema "La mano de mi hija" menciona un "sueño recurrente" donde no volverán a verse. ¿Es este sueño un miedo a la distancia física o una forma de procesar la incertidumbre del mundo actual?

Este poema surge en medio de la pandemia de 2020. Mi hija estaba en Madrid, sola en un piso, y yo sola en el mío. La complicidad física no puede producirse en la distancia, pero sí la emocional; era una manera de estar con ella. El libro estaba ya cerrado cuando llegó el COVID y se aplazó su publicación, de manera que algunos poemas que seguí escribiendo se colaron en él. «Sueños recurrentes» es la consecuencia. Dudé si incluirlos, pero ahora me alegro de haberlo hecho porque, sin esa distancia, no los hubiera escrito o no serían como son: testimonio de lo que vivimos colectivamente y que tan pronto se ha olvidado, quizá por su dureza traumática. No se nombra directamente; los poemas hablan de sucesos que aluden a una situación límite de tantas que pueden atravesarnos en tiempos inciertos.

14. ¿Cómo definirías tu "poética" actual en tres palabras clave? ¿Qué es lo irrenunciable en tu forma de escribir?

Depuración, compromiso con la palabra y realidad.

15. ¿Qué importancia tiene para ti el ritmo en el verso libre? ¿Cómo sabes cuándo un poema está "terminado"?

El ritmo es esencial; la palabra viene precedida por el impulso de su curva ascendente y su descanso en el valle, su respiración, su silencio… Todo eso hace que no tropiece para no malograrse. No debe ser nunca una «canción» o musiquilla que, pegada a la lectura, parezca una letanía. Nunca sabemos cuándo se termina un poema. Podríamos tener la tentación de seguir porque siempre aparecen ideas nuevas o matices, a veces solo un signo o una conjunción; pero, una vez reposado y aceptado, hay que dejarlo ir en beneficio de la expresividad que perseguimos.

16. ¿Crees en la inspiración o eres de las poetas que trabajan el texto como un artesano golpea el metal?

Creo que hay una imagen inicial que se hace presente como un destello. Algo sobre lo que pensar que de pronto se despierta y se hace consciente; en ese momento anoto la sugerencia para poder trabajarla más tarde, porque a menudo ocurre de forma inesperada y no sabes a dónde te llevará. Eso puede ser inspiración. Luego viene el momento de dar forma, de pulir, de perseguir esa idea apenas presentida y de sorprenderte también. No es habitual que un poema salga de un tirón, aunque a veces ocurra.

17. Al leer tus poemas, se percibe una alternancia entre lo íntimo y lo reflexivo. ¿Buscas conscientemente este contraste?

No lo busco en absoluto. Escribo y todo surge o se alía con el poema. Las palabras van llegando sin que sepas cómo, convocadas como imanes hacia una expresión que nace y va creciendo.

18. Citas a Emily Dickinson y a Safo en tus poemas. Aparte de ellas, ¿Qué otros poetas, clásicos o contemporáneos, consideras tus influencias fundamentales? ¿A quiénes vuelves siempre como lectora?

Primero construí un canon masculino porque era lo que había en las estanterías y en los libros de estudio. De allí provienen mis primeros poetas, como Lorca y Cernuda; luego llegó Claudio Rodríguez, al que sigo leyendo, Baudelaire, Rilke, Blas de Otero, León Felipe… son muchos. Después pude empezar a leer a las mujeres —con permiso de las editoriales que las fueron incorporando— y también hay multitud. Actualmente mis poetas son, entre otras: María Salgado, Ada Salas, Francisca Aguirre, Olvido García Valdés, Concha García, Blanca Varela, Piedad Bonnett, Idea Vilariño, Ida Vitale, Peri Rossi o Irene Gruss; y seguiría con anglosajonas como Sharon Olds y Audre Lorde. Es una respuesta difícil de resumir.

19. ¿Qué autores cántabros han tenido un impacto significativo en tu formación?

Nombraré a José Hierro; a Álvaro Pombo, que me deslumbró con sus libros en los ochenta; Los muertos, de José Luis Hidalgo, y Julio Maruri, si pienso en los clásicos. Sin olvidar a Isaac Cuende y a Rafael Colomer. También leo a poetas de mi generación y más jóvenes; creo que los he leído a casi todos(as).

20. Has realizado también estudios críticos sobre autores como Isaac M. Cuende. ¿Cómo influye tu labor investigadora y crítica en tu propia creación poética?

Cuando lees buscando el germen creativo de un autor, descubres herramientas que te ayudan a comprender y conocer los procesos de los demás. Ahora estoy trabajando con una buenísima poeta, Noni Benegas —autora de la sorpresa y el riesgo—, y me estoy divirtiendo mucho. Requiere un esfuerzo que se premia con los hallazgos. Seguro que todo forma un pozo que, de alguna manera, sale a la luz más adelante.

21. ¿De qué otras artes (cine, música, pintura) bebes para tu inspiración?

Todas ellas están presentes en mis poemas. También la escultura de Benvenuto Cellini aparece en Y dices tu nombre. Y, por supuesto, siempre la literatura, sea novela o ensayo.

22. En el poema "Ausencia de la prisa" hablas de la "prisa contagiosa". ¿Consideras que la poesía es el único lenguaje capaz de detener ese ritmo frenético para permitirnos "hablar al propio oído"?

No es el único lenguaje, pero sí uno muy importante para mí. La filosofía también persigue ese silencio necesario. El filósofo Byung-Chul Han por nombrar a alguien bien conocido y leído actualmente, incide en esta cuestión, como también Remedios Zafra y tantos otros que lo abordan desde distintas perspectivas. «Calma» sería la palabra que deberíamos recordar cada poco tiempo; «silencio» y «pensamiento» son las otras.

23. En "Rumores" afirmas que la poesía no cambia el destino de nadie, pero que "decanta luz". ¿Es esa la función última de tu poética?

Me ocurre que, cuando leo poesía que me impacta, me modifica, me remueve y me acompaña y al hablarme, camina conmigo. Por tanto, no seré la única que sienta así. Si no, ¿por qué hemos aprendido y repetido tantos poemas que han sido cumbre del pensamiento y a los que siempre volvemos? ¿Por qué escribimos si no es para los demás? No cambiará el mundo, está a la vista, pero sí impactará en el pensamiento individual. A veces, eso mueve el pensamiento colectivo sin que nos demos cuenta.

24. ¿Puede la poesía ser una herramienta política o social sin caer en el panfleto ante la "especie codiciosa"?

Yo creo que sí. La poesía lo toca todo y no hay nada ajeno a ella. Dependerá de la expresividad de la forma y de su belleza, aunque cuente algo horrible o las palabras suenen desdichadas. El panfleto no, porque eso ya no es poesía. Hay quien considera que la poesía no puede ser política o social, pero ¿qué no lo es? La poesía encaramada a un astro, mirándose el ombligo, no me interesa. La realidad es la de todos. Otra cosa es que se llegue a ella desde el silencio y la reflexión íntima de la conciencia, sin alegatos. El fondo siempre atañe a lo humano y en lo humano está lo social, lo político en tiempos de crisis como el actual. ¿Cómo dar la espalda a todo lo vivido?

25. ¿Qué opinas de la "poesía de redes sociales"? ¿Ayudan a democratizar el género o diluyen su profundidad?

Aclararía que, si lo escrito es bueno y nos concierne, bienvenido sea, ya sea en redes o en un libro. Pero si hablamos de volcar palabras sin pensarlas para decir vulgaridades o cosas intrascendentes —como si hoy estoy triste o me duele una muela—, eso no aporta más que la descarga anecdótica y efímera del individuo.

26. ¿Cómo ves el panorama de la poesía actual en España? ¿Qué autores/as jóvenes te interesan o te preocupan?

Veo que goza de muy buena salud, la verdad. Leo a poetas como Ángela Segovia, Miriam Reyes, Rosa Berbel, Mario Obrero, María Martínez Bautista, Pablo Trénor o María Salgado. El tiempo pasa volando y no sé si todos son ya «tan» jóvenes, pero los he seguido desde sus inicios.

27. ¿Sigue siendo la cultura el "bajel" necesario para fugarnos de la tierra, como decía Dickinson o nos hace falta algo más hoy en día?

No tengo ninguna duda. Para ser, en cierto modo, feliz, no hay nada como disfrutar de lo que la cultura nos da. No solo es divertimento, que también, sino que da sentido a nuestra vida, nos completa, nos proporciona información de nosotras mismas que desconocíamos y por último nos hermana con el resto de la humanidad porque su lenguaje siempre tiende a ser universal.

28. Estás trabajando en nuevos proyectos. ¿Seguirán la línea reflexiva de "El Balcón" o estás explorando registros distintos?

Muy pronto se publicará Muda de invierno. Es un libro reflexivo, aunque distinto a El balcón, como antes apunté, donde la naturaleza es la protagonista y desde ella pienso en el tiempo pasado, ese desconocido con sus trampas, ahondando en el silencio y la palabra justa. He encontrado mi reflejo en esa naturaleza que no se conmueve, pero que habita en nosotros. Incluye poemas en prosa que se despegan a veces del verso. Parte de la escritura la hice el invierno pasado en Valderredible, retirada, mirando y paseando. También tengo en marcha otro libro con un enfoque algo más ácido y político.

29. ¿Hay algún tema que sientas que todavía no has sido capaz de atrapar en un poema y que te gustaría abordar próximamente?

Estoy rumiando la idea de profundizar en textos en prosa, pero necesito tiempo. Aunque he escrito algunos relatos, no ha sido mi prioridad. No siento que deba abordar algo concreto; la poesía no agota ningún tema, solo necesita decirse de otro modo para no repetirse, pero el tiempo histórico de cada persona proporciona una mirada que sí debe ser nueva o distinta.


30. Para cerrar, ¿Qué mensaje le darías a alguien que siente curiosidad por la poesía pero que todavía no se ha atrevido a asomarse a ella?

Que pregunte, que busque qué le gustaría leer, como quien busca una novela. Una buena librería o alguien que escriba poesía sabrán aconsejar autores que encajen con su elección personal. Hay tanta poesía y poéticas como poetas existen y no todos nos han de gustar, o interesar. El problema es que mucha gente teme a la poesía sin conocerla; creen que es críptica, cuando en realidad es que no han encontrado lo que encaja con sus apetencias. Una vez que ocurre, es un camino que no termina nunca. Algunas veces he hecho la prueba con personas que me han pedido algo que pueda gustarles y lo he conseguido. “ah, era eso”, dicen. Pues sí, eso era.

Entrevista por: Manuel Quiroz

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