Hay nombres a los que el canon literario oficial decidió bajarles el volumen hasta volverlos casi inaudibles. El de Concha Castroviejo es, sin duda, uno de ellos. Periodista incisiva, narrativa imprescindible, exiliada en México y Francia, y figura fundamental en la España de posguerra —donde llegó a ser jurado de los Premios de la Crítica—, Castroviejo habitó las tensiones de su época con una discreción calculada y una lucidez insobornable.

A través de la prestigiosa colección El arte de la crítica de la Fundación Universitaria Española, ve la luz El llanto enterrado, un rescate editorial imprescindible a cargo de la investigadora, profesora y especialista en literatura escrita por mujeres Raquel Conde Peñalosa. Este volumen no solo devuelve a las librerías la prosa fértil, irónica y testimonial de la autora gallega, sino que abre de par en par una ventana hacia aquellas creadoras golpeadas por la censura, el exilio y los «guetos» de la historia oficial.

En las siguientes páginas, Raquel Conde reflexiona sobre los hallazgos tras las cartas de la autora, las claves simbólicas para burlar el ojo del censor, el rigor de la crítica feminista y el deber urgente de seguir removiendo los cimientos de un canon literario que aún se resiste a mirar hacia los márgenes.

1. ¿Cómo nace tu vocación por la investigación literaria? ¿Hubo alguna autora o lectura en particular que te hiciera decir: "aquí hay un vacío que tengo que llenar"?

Cuando estudiaba Filología en la Universidad de Deusto (España), cursaba literatura española e hispanoamericana. En el programa casi no se mencionaba la literatura femenina; estamos hablando de estudios que realicé entre 1985 y 1992. Estudié la historia de la literatura española y universal... y casi ninguna escritora afloró en el temario salvo excepciones: Santa Teresa de Jesús, Rosalía de Castro, Emilia Pardo Bazán y Carmen Laforet, esta última porque hice un trabajo yo para presentarlo a la clase. Por ello hablé con la profesora y doctora Mercedes Acillona, que me animó a iniciar una investigación sobre el tema. Tras meditarlo, decidí centrarme en la novela femenina de posguerra. Este trabajo se convirtió en mi tesis doctoral y en la base de mis publicaciones posteriores.


2. Te has especializado en la narrativa femenina de posguerra (1940-1965). ¿Qué tiene este período histórico y sus escritoras que te resulta un tema importante para investigar?

En España, como en el resto de Europa y en el mundo anglosajón, hay un despuntar de la literatura femenina a partir del siglo XIX, con el Romanticismo. El reconocimiento de libertades, de los sentimientos y de la esfera personal y familiar hizo que las mujeres pudieran tomar la palabra, con dificultades, pero de una forma desconocida hasta entonces. En el caso de España también asistimos a ese nacimiento de la literatura femenina del XIX. Pero hasta la posguerra no nos encontramos con un verdadero boom de las voces femeninas en todos los géneros. Son cientos de escritoras las que publican, decenas las que podrían figurar en las primeras filas; mujeres que toman conciencia de su voz diferenciada en cuanto al género y que buscan una expresión para mostrarnos una realidad muchas veces no contada en la literatura masculina. La literatura de posguerra es el principio y la base para todas las escritoras posteriores en España hasta hoy.


3. A menudo se habla de la posguerra como un desierto cultural, especialmente para las mujeres. Desde tu experiencia, ¿Se ha subestimado la resistencia literaria y la producción de las escritoras de esa época?

Esa producción ha permanecido oculta en los estudios críticos canónicos hasta finales del siglo XX. Pero mis publicaciones sobre la posguerra se remontan a 2004 y forman parte de investigaciones feministas que ya estaban apareciendo desde finales del siglo XX hasta el momento presente en España (en el mundo anglosajón y francés, la crítica feminista se fue forjando desde el siglo XIX). Los estudios feministas no formaban parte del canon, pero en la actualidad ya se están reconociendo y, afortunadamente, se va tomando conciencia de esta escritura de mujeres; veo que van recuperando su estima en el mundo académico y literario.


4. ¿Cómo compaginas tu labor como profesora de secundaria con el exigente ritmo que requiere la investigación de archivo y la edición crítica?

Es un reto y un logro que ha supuesto mucho sacrificio y trabajo. Realmente no es compatible. Nada en mi trabajo favorece la investigación. Y, por otro lado, mis publicaciones e investigaciones me construyen como una profesora con iniciativas e inquieta, pero eso no tiene un reconocimiento laboral concreto ni ayudas específicas. En mi caso, he mantenido esta doble vertiente —triple si sumo la carga familiar— con mucho, mucho (debo insistir) esfuerzo personal y siempre con la ayuda de mi marido, el cual entendió que mi forma de ser era así, trabajando e investigando; por ello ha favorecido en todo momento que yo investigue y publique. Me ha apoyado siempre, me ha cuidado personalmente y ha atendido toda la esfera personal y familiar junto a mí, favoreciendo el espacio y el tiempo que necesitaba para investigar.


5. Con tantas autoras silenciadas por la historia, ¿Cuál es tu criterio para elegir a quién rescatar? ¿Cómo llegó Concha Castroviejo a tu radar de investigación?

En mis investigaciones de posguerra hice un catálogo con 78 autoras de novelas y 208 publicaciones meritorias entre 1940 y 1965. Me centré en las escritas en castellano (era necesario acotar) y descarté la novela rosa o subliteratura aplicando criterios literarios y sociocríticos. Es difícil sintetizar los criterios y argumentaciones de fondo, pero, evidentemente, posicionarme en este marco fue la primera necesidad, fruto de un minucioso estudio de fuentes críticas (casi dos años de lecturas intensas). Posteriormente me propuse la disciplina de leer una novela semanal (hasta 50 novelas de hombres y 50 de mujeres) a lo largo de dos años, además de otras obras que parecían menores y que, cuando comprobaba que no iban a entrar en el catálogo (por diferentes criterios), desechaba. De esta forma, no solo catalogué a esas 78 autoras, sino que leí cincuenta novelas de mujeres de las que me ocupé en el estudio crítico. Fue una investigación de 10 años. Concha Castroviejo era una de las autoras fundamentales en este estudio.


6. El libro reúne 21 relatos publicados en prensa entre 1950 y 1980 que nunca se habían agrupado en un volumen. ¿Cómo fue ese proceso de rastreo en las hemerotecas? ¿Cuál fue el mayor reto técnico o de localización que enfrentaste?

La familia de la autora me facilitó muchos de los relatos seleccionados. Yo, que estoy familiarizada con el rastreo de fuentes de prensa, localicé algunos textos más y publicaciones para comparar con las aportadas por la familia. La digitalización de fuentes por parte de las bibliotecas estatales fue un recurso fundamental. Lo más complejo fue precisar bien la fecha y lugar de publicación de cada documento, así como entender la intención y el contenido de su escritura según la etapa vital de la escritora a la que se puede asociar el texto.


7. Además de los relatos, incluyes 15 artículos de Concha Castroviejo. ¿Qué nos revelan estos artículos sobre su pensamiento y su mirada crítica que no encontremos en su ficción?

Son unos pocos textos de los cientos de columnas que publicó Castroviejo. Una pequeña muestra de su quehacer periodístico. En ellos se ponen de manifiesto su sensibilidad humana e intereses; su extensa cultura social, literaria, artística y humana; algunos retratos con afinidades a los que aparecen en sus novelas; el interés por los personajes femeninos y las circunstancias cercanas a las mujeres de la posguerra; algunos datos de su vida personal; y claves para entender su propia creación literaria.


8. El volumen cuenta con un valioso archivo de imágenes y testimonios. ¿Cómo fue la búsqueda de este material gráfico y qué historia nos cuenta esa "Concha visual" en las fotografías?

Esas cuarenta imágenes son sumamente interesantes. Gran parte de las fotografías las facilitó la familia. El resto de fotos las localicé en la prensa o fueron aportadas por el Patronato Carmen Conde-Antonio Oliver, donde se encuentra un fondo documental valiosísimo. Datarlas y dar sentido a esas fotos fue otra minuciosa labor.

Esas fotos dan testimonio de cuanto reflejo en el estudio crítico inicial del libro. Muestran el peso y la relevancia de una escritora que estuvo presente en la crítica periodística de nuestro país entre los años 60 y 80; que participó en los jurados de los principales premios literarios; bien conocida por los principales periodistas del momento y por los críticos literarios de la época; bien conocida por los escritores gallegos y nacionales, por los creadores de publicaciones infantiles, por las escritoras de su generación y aun por los escritores más jóvenes que comenzaban a publicar en los 70.


9. ¿Hubo algún hallazgo fortuito durante la investigación (una carta, un manuscrito o un recorte inesperado) que cambiara el rumbo de la edición?

Cada documento y cada carta tienen su valor y aportación. Es difícil citar una a una, pero por destacar algunas: son emocionantes las cartas que Castroviejo recibe de Carmen Conde y Guillermo de Torre, las cuales revelan la censura que se cernía sobre cada actividad que intentaba llevar a cabo Castroviejo.


10. El libro se publica en la prestigiosa colección El arte de la crítica de la Fundación Universitaria Española. ¿Qué significa para ti, como investigadora, que este rescate tenga este respaldo institucional?

Es un orgullo que una entidad como la Fundación Universitaria Española y el director de esta colección de "El Arte de la Crítica", el profesor Luca Cerullo, se hayan interesado por mi trabajo y hayan apostado por su edición. Es un apoyo de gran valor, que pone mi trabajo en el centro de la comunidad de la investigación literaria.


11. Concha Castroviejo vivió el exilio en México y Francia antes de volver a España en 1949. ¿Cómo crees que fracturó o enriqueció el exilio su identidad literaria?

En el caso de nuestra autora, el exilio fue una puerta al mundo, un contacto con nuevas tierras y culturas, y un quiebro en su vida que la enfrentó a nuevos derroteros. La Guerra Civil tuvo poco de noble y le hizo ver cosas que nunca esperó ver. Pero reconoce en En las praderas del Gran Manitú: «Un día me fui de allí y empezó una larga aventura», refiriéndose al exilio, que nunca lo menciona con ese nombre, ni con ninguno (como parte de su silencio consciente). Esa aventura, al volver a España, la condujo a una búsqueda personal dentro del periodismo. 


12. La contraportada menciona que Concha tuvo que lidiar con la censura y la presión de la época. ¿Qué estrategias o "metáforas" utilizaba en sus textos para burlar el ojo del censor sin perder su esencia?

Eso es una estupenda investigación que hay que rastrear en profundidad y que dejo a generaciones de investigadores más jóvenes. Como clave están los silencios y omisiones: ni la palabra «exilio» ni la palabra «guerra civil», ni otras como «asesinatos», «rojos» o «censura», entre otras, aparecen en sus textos. Por otro lado, algunas figuras en sus relatos, novelas o cuentos son simbólicas, representando ideologías más profundas: la figura del usurero en Víspera del odio, o del anarquista en En las praderas del Gran Manitú, los personajes de los cuentos infantiles de El jardín de las siete puertas, especialmente del diálogo que pone nombre al volumen. Y hay que revisar con lupa la correspondencia de la autora y las entrevistas, pues están llenas de claves.


13. A pesar de tener una cultura riquísima y una presencia constante en la prensa, Concha fue muy discreta con su vida privada. ¿Fue esa discreción una coraza voluntaria o una consecuencia de la época para poder seguir escribiendo?

Sí, sin duda. Asume ese silencio para ser aceptada en la prensa y para no ponerse en evidencia por su pasado republicano. Necesita abrirse camino en una España diferente de aquella por la que luchó, consiguiendo sacar adelante su trabajo, la educación de su hija y su propia creación literaria evitando todo conflicto.


14. Si tuvieras que definir el estilo de los relatos de Concha Castroviejo en tres adjetivos, ¿Cuáles serían y por qué?

Testimonial, feminista e irónico. Hay un dibujo de la vida cotidiana que ha vivido en el exilio o con la que convive en Madrid. Siempre hay una sensibilidad hacia las realidades y las paradojas que viven las mujeres, los esfuerzos que rodean a su trabajo por sobrevivir, a las destrezas para transitar por el mundo. Por otro lado, lo paradójico es una forma de percibir el mundo, de mirar la realidad, no siempre clara, cerrada o comprensible.


15. El título de la compilación es potentísimo: El llanto enterrado. ¿Qué simboliza ese llanto en la obra de Concha y en la de su generación?

Es uno de los cuentos más brillantes de esta antología y un título bien logrado que despierta muchas sugerencias. Enlaza con todas las claves mencionadas en esta entrevista: el sufrimiento maternal de una mujer; dos realidades paralelas (la experiencia dolorosa de la mujer y la investigación policial); dos dimensiones (un mundo mágico sobrenatural, muy arraigado en Galicia pero también en México, y el mundo real); lo paradójico. Un misterio, una emoción profunda, un entorno arraigado al pueblo y a la tierra... También es un símbolo de silencio y opresión al más alto nivel, en el filo de la locura. En el exilio, en los campos de refugiados, muchos españoles, exhaustos y hambrientos, veían morir a sus hijos y los enterraban con el mismo dolor.


16. ¿Por qué crees que una autora que fue jurado de los Premios de la Crítica y colaboradora de cabeceras tan importantes acabó siendo tan ignorada por la historia literaria oficial?

Era republicana, pareja de un activo republicano, exiliada, madre, mujer trabajadora e inteligente, periodista... La España franquista no podía pasar por alto todo esto. Una cosa era admitir las obras de las jóvenes escritoras emergentes —niñas durante la guerra que no ahondan en el dolor de cada bando político, como Matute o Laforet—, y otra dejar paso franco a las mujeres activas durante la contienda: las mujeres del 27 o de la generación que nació entre 1910 y 1920, que se posicionaron durante la República o durante la guerra, mujeres muy feministas y activas. Hoy se sigue sin recuperar al conjunto de estas escritoras; se va a goteo.


17. Para un lector contemporáneo que se acerca por primera vez a Concha Castroviejo a través de tu libro, ¿Cuál es el relato que recomendarías leer primero para "entenderla" de golpe?

Complicado. Creo que me quedo con «La venada», por el mundo de la selva reflejado y el trasfondo de género; el que da título al volumen, por su estética y trabajo literario; y «Los días de Nicolás», por ser un brillante relato testimonial enclavado en la estética de los años 50 y el neorrealismo.


18. Mirando atrás, a autoras como Concha, y mirando el presente: ¿hemos superado realmente los sesgos de la crítica literaria hacia las mujeres, o siguen existiendo sutiles "guetos" editoriales?

Se trabaja para borrar esos sesgos, pero siguen existiendo —y a veces no muy sutiles— «guetos» editoriales. No puedo ahondar en ellos en una entrevista, pero pasará mucho tiempo antes de que al pensar en la posguerra nos vengan los nombres de Carmen Conde, Concha Castroviejo y Ana María Matute, en vez de Cela, Delibes o Buero Vallejo, por poner unos ejemplos. Además, la crítica literaria feminista aún no es el canon consolidado dentro de la crítica, sino una «vía opcional de investigación». Por supuesto, no para quienes trabajamos la crítica feminista.


19. Hoy en día hay un boom de rescates editoriales de escritoras olvidadas del siglo XX. ¿Crees que es una tendencia consolidada o una moda pasajera de la industria?

Quiero pensar que se consolida sin retroceso. De todas maneras, hay mucho ruido y mucho meneo en redes sociales, por lo que hacen falta estudios sólidos y apuestas críticas de calidad que muevan un canon muy anclado que, a mi ver, está obsoleto. Celebro que algunas editoriales y seminarios universitarios de investigación apuesten por revisar y modificar ese canon, y que haya grupos de trabajo y creación en el arte en general que revisen y se hagan eco de las propuestas de las mujeres, a la vez que se cuestionan los pilares del siglo XX en el mundo del arte. El siglo XXI debe buscar la recuperación de nuevas voces culturales, ideológicas, de valores y de formas de entender la realidad que el discurso canónico dejó al margen.


20. Como estudiosa de la literatura escrita por mujeres, ¿Qué nombres de la narrativa femenina actual en España te parecen los más estimulantes o los que mejor dialogan con esa tradición de posguerra?

No me atrevo a señalar. Seleccionar a unas es dejar en segundo plano a otras. El panorama actual se está escribiendo y es muy plural: diversas mentalidades y sensibilidades, distintas redes de publicación, una creación que se dispersa por redes sociales, un mundo editorial en el que todo se consume muy rápido (se publica y difunde con rapidez y, al cabo de pocos años, desaparecen los libros) ... El mercado editorial tiene un fuerte carácter comercial incentivado por premios, pero no siempre responde a criterios estéticos. Nos hace falta perspectiva y revisiones críticas que expliquen y den sentido a lo que se produce.


21. Como profesora de Lengua y Literatura, ¿Cómo reaccionan tus alumnos jóvenes cuando les descubres a autoras como Concha Castroviejo? ¿Sientes que conectan con su sensibilidad?

Es una gran sorpresa. La literatura de posguerra conecta muy bien hoy; se entiende y los lectores la ven como obras con sentido. Además, les parece increíble que escritoras tan importantes les sean tan desconocidas.


22. Para cerrar: si pudieras tomarte un café con Concha Castroviejo y hacerle una sola pregunta sobre el destino de su obra y este libro que hoy tienes en las manos, ¿Qué le preguntarías?

Sería una larga charla, sin duda, pero le preguntaría por el significado de sus cuentos. Sé que muchos personajes y muchas de las historias son reales. Y, guardando secreto de confesión, le pediría que me hablase de los periodistas y críticos que están en las fotos del libro. Quiero saber quiénes eran los que escribieron el canon que todavía está vigente hoy. He dedicado mi vida a moverlo, solo un poco, de su equilibrado centro.


Biografía de Raquel Conde:

(1967) es Doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Deusto. Su estudio sobre la novela femenina de posguerra en España abarcó más de diez años de intensa investigación y sus resultados se publicaron en dos obras: un completo catálogo de publicaciones con el título de Mujeres novelistas y novelas de mujeres en la posguerra española (1940-1965). Catálogo bio-bibliográfico (Fundación Universitaria Española, 2004); y un estudio sociocrítico titulado La novela femenina de posguerra (1940-1960) (Pliegos, 2004).

Posteriormente, la atención familiar y la dedicación laboral ralentizaron el tiempo dedicado a la investigación; pero la conciencia de que los estudios feministas no estaban teniendo el debido reflejo en el canon y en la educación la animó a retomar el estudio y sacó a la luz Mujeres novelistas y textos comentados de la Literatura Universal (Pliegos, 2018). En este volumen se explica de forma divulgativa algunas de las conclusiones fundamentales de la crítica feminista y algunos de los textos clave de la literatura universal. Desde entonces ha participado en congresos, impartido conferencias y ha publicado diversos artículos en revistas y publicaciones conjuntas. Su última labor crítica es la edición de los cuentos de Concha Castroviejo: El llanto enterrado y otros relatos (Fundación Universitaria Española, 2026). En esta obra, además de recuperar los relatos de la autora, algunos artículos y 40 documentos e imágenes, realiza un estudio biográfico y crítico de la escritora.

Laboralmente, desde hace casi treinta años, Raquel Conde trabaja como Profesora de Lengua y Literatura de Enseñanza Secundaria y desde hace más de trece años participa en programas de atención educativa domiciliaria, atendiendo a alumnado con enfermedades de larga duración. Partiendo de esta experiencia ha escrito un libro junto al pedagogo Fernando Martínez Lombera sobre la atención al alumnado con enfermedad en el ámbito educativo. Este libro está en proceso de edición.
Entrevista por: Manuel Quiroz

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